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sábado, 12 de noviembre de 2011

El provocado Winston Churchill

Pensar en Winston Churchill es a la vez recordar a uno de los políticos y estrategas más eminentes del siglo XX, pero también conmemorar a un personaje que destacaba por su rudo carácter y arisca personalidad. Y es que en tiempos en los que la política nos desgasta por discursos balbuceados por muñecos del guiñol, uno siente nostalgia al ver que, apenas hace 50 años, había presidentes que defendían realmente los intereses de sus conciudadanos, aún estando en oposición con los colegas del propio partido.

Y pensar en Churchill es también imaginarse este retrato, una cara fruncida con mirada penetrante, algo enfadada pero también inquisitiva. En definitiva, el espejo de su propio carácter. Entonces, ¿como se lo hizo el fotógrafo para sacar la esencia de tal personaje? Pues desmoronando los roles a los que Churchill estaba acostumbrado, es decir, rebajarlo a ser un ciudadano más, un inglés a quién se lo puede provocar sacándole, por ejemplo, el puro de la boca al que tan acostumbrado estaba. Y así lo hizo Yousuf Karsh, autor del retrato. En la sesión, viéndose incapaz de sacar de Churchill ese áspero carácter que había dado a conocer a todo el mundo, se decidió por provocarlo en lo más personal que conocía de él, el puro. Le pidió primero que no fumara pero, al negarse éste, se lo quitó repentinamente de la boca. Se colocó entonces detrás de la cámara y le sacó el retrato que a dia de hoy conoce todo el mundo.

Una decisión de lo más arriesgada pero a la vez increíblemente ingeniosa. Imagino al fotógrafo nervioso pero a la vez seguro, agarrando con firmeza este apéndice de Churchill y observando por el visor de la cámara la reacción que esperaba. Estoy segura que en este momento sabía que aquella imagen daría la vuelta al mundo para quedarse para siempre. Éste sentimiento de tener “la foto” eriza la piel a cualquier reportero profesional. Es el resumen de toda una vida, un carácter, una profesión y un contexto histórico, metido en una foto.

Vale decir que, a pesar de tener unos políticos que se diferencian de Churchill por su nula conexión con el pueblo, tenemos la suerte de vivir en democracia, así pues desde aquí animo a todo ciudadano ser partícipe de ella el próximo 20N.

Por Nona Codina (Colaboración)

martes, 26 de abril de 2011

El beso de Robert Doisneau

    

     “El beso del Hôtel de Ville” de Robert Doisneau es el beso más famoso de Francia desde que fue fotografiado en 1950. Dio la vuelta al mundo en pocas semanas y Paris se convirtió así en la ciudad del amor. Parejas de distintas nacionalidades querían vivir ese pequeño instante, ese beso efusivo entre una multitud ajena a la pasión que aquellos dos franceses anónimos sentían.

     Siempre he pensado que el amor, por banal que pueda parecer a veces, domina gran parte de nuestros impulsos y decisiones a lo largo de la vida. Muchas son las personas que renunciarían a prácticamente todo para que su enamorado no le abandonase. Y Robert Doisneau lo sabía. Y no solo eso, sabía además las claves para dar con una imagen que transmitiera ese sentimiento tan intenso. De hecho, por espontánea y robada que parezca la fotografía, es prefabricada. Ahí fue cuando la magia se esfumó. Años después de la toma, una pareja afirmó reconocerse en la imagen y, así, embolsarse la parte proporcional del pastel. Lo que ellos no sabían era que las dos personas de la foto eran en realidad estudiantes de arte dramático que posaron para Doisneau. Así fue como la verdad afloró junto con una profunda decepción de lo que representaba el beso perfecto, el amor puro.


     El porqué del éxito de “El beso del Hôtel de Ville” reside precisamente en que este momento parece realmente robado. El encuadre caótico, la gente en movimiento, el primer plano ocupado por una persona de espaldas que esconde el fotógrafo de la pareja enamorada, el abrazo protector del chico y la entrega total de la chica al beso,... cada pieza del puzzle está en su debido lugar para ofrecer la viva imagen del beso deseado por todo el mundo. Y como el amor es ciego, la farsa de la imagen queda escondida. Así, poco importa que la fotografia no sea fruto del azar, sino del cálculo meticuloso Robert Doisneau. Al fin y al cabo, sabemos por experiencia propia que estos besos existen.
Los hay pocos, pero los hay.

Por Nona Codina. Colaboración

viernes, 4 de marzo de 2011

Patti Smith por Avedon


Acabo de llegar del concierto de Patti Smith en el Palau de la Música de Barcelona y aún lo estoy digeriendo. Sentada en la penúltima fila del segundo piso sentía que estaba asistiendo a un evento histórico, un concierto compuesto por una mezcla de canciones y mensajes descarados cantados con fuerza por una mujer que lleva más de 30 años en el escenario.

Ya dentro del Palau sabía que mi siguiente artículo trataría de ella fotografiada por Avedon, el retratista por excelencia. Éste es capaz de aislar el personaje de todas sus pertenencias, situarlo en un fondo blanco y, aún así, sacar de él el carácter que guarda más adentro. Y ahí vemos a la cantante, con su mirada inquisidora a la vez que tranquila, con su pose descansada sin rozar siquiera la pereza, con expresión desairada al mismo tiempo que firme. Así es ella posando delante de una cámara y cantando delante del público barcelonés. Y es que uno tiene la sensación de que Patti Smith piensa lo que dice, y hace lo que piensa creando un bucle de coherencia que desenvoca en una tranquilidad personal imposible de derrumbar.

Quiero emfatizar aquí la importancia del trabajo de Avedon, pues observando las muchas fotografias que ha disparado a diferentes personalidades del mundo político, de la música y del arte, uno puede reconocer en cada una de ellas la persona que hay detrás de la celebridad creada por la sociedad. Ya sea por una carcajada, un gesto fuera de lugar o una mirada, quien observa el retrato se siente más cerca del personaje gracias a Avedon.

Por último, me gustaría dejar como coletilla del artículo una frase que enunció Patti Smith en el concierto y, que por sencilla, me parece muy grande: “how can you be a pacifist if you can not forgive your brother”. Empecemos por lo que tenemos cerca.

Por Nona Codina (Colaboración)

sábado, 19 de febrero de 2011

Floating Nude, Algo más que una imagen



Llevaba semanas tratando de encontrar el autor de una fotografia que mi profesor de historia del instituto de fotografia mostró un dia en clase hace ya casi 5 años. Molinero, así se llamaba él, tenia la costumbre de presentar 3 autores por clase y, antes de que transcurrieran los 90 minutos, dejaba un momento para mostrar las imágenes más representativas de cada uno de ellos.

Ahora lo recuerdo, nos estábamos adentrando en la “straight photography”, movimiento fotográfico que se opone al pictoralismo reivindicando realismo y nitidez. Éste surgió en una época para nada eludible, el período de entreguerras. Lo ideal, imaginario y seductor parecía sarcasmo en un momento tan duro como el que se vivía en estos días.

Entonces, ¿cómo olvidé un nombre tan importante como es el de Edward Weston? Y es que pensando en este fotógrafo, a uno le vienen a la mente bodegones de caracoles de mar exquisitamente iluminados, paisajes paradisiacos de gran nitidez... ¿cómo el autor de estas imágenes tan perfectas puede emmarcarse en el movimiento del “straight fotography”? Pues precisamente porqué mostraba cada elemento, escena y modelo tal y como era, respetando su esencia. El caracol resplandecía y prendía vida, el paisaje gozaba de la máxima profundidad de campo para presentarlo con todo detalle...

He aquí cuando aparece mi imagen, la de una mujer desnuda flotando en un estanque. Siendo una fotografia que se aleja de la estética de Edward Weston, a mi parecer el autor sigue fiel al movimiento “straight photography” dada su capacidad de captar las entrañas de lo fotografiado: una persona. La grandeza de esta imagen gravita en las piernas de ella, las piernas que se arriman al borde del lago quedando el resto del cuerpo a la deriva, pues es así cómo el fotógrafo consigue transmitir el abismo, la ansiedad. Éste sentimiento tan difícil de definir y aún más de captar en una imagen, él, consigue representarlo con una fotografia que conmueve a toda persona que la observa. “Foating Nude” no deja indiferente a nadie. Remueve nuestro interior, nuestros miedos y nos encara a la más cruel soledad. Sólo nos salva un débil contacto con la sociedad, estas piernas que están a punto de hundirse bajo el agua. Se puede decir, pues, que Weston, fiel a su movimiento, captó la esencia de las personas.

Por Nona Codina (Colaboración)

viernes, 28 de enero de 2011

Helmut Newton: el transgresor del s.XX

Helmut Newton divide a los críticos entre los que lo consideran uno de los mejores fotógrafos de moda del siglo XX y los que le acusan de ser un obseso sexual que limita la figura de la mujer en un ámbito puramente carnal. A mi parecer, sus imágenes guardan una explosión sensual del cuerpo femenino que pocos profesionales de la fotografia han conseguido captar hasta el momento.

Uno puede reconocer una fotografía de Helmut con solo mirarla, y no lo digo como algo peyorativo sino todo lo contrario. Este personaje consiguió crear un estilo propio que lo acompañó a lo largo de su vida. Absorto en las curvas de la mujer, Helmut Newton dedicó su carrera en captar la fuerza erótica de sus modelos construyendo imágenes impactantes y glamurosas. Con la ayuda de la luz, acentuaba la sinuosidad de los desnudos sin miedo alguno de romper con los prejuicios del momento. Y es que en la Alemania de los 70s, momento en que el fotógrafo disfrutaba del pináculo de su fama a nivel internacional, no era precisamente una época librada de tabús.

Sorprende ver que, a pesar del increíble archivo fotográfico que atesora, él considera sus imágenes no como arte sinó como resultado de acuerdos comerciales entre él y las marcas de moda del momento. Sus fotos, más que publicidad de joyas, zapatos o trajes de alta costura, són retratos de mujeres que exigen un nuevo papel en una sociedad donde se las subestima.

En este autorretrato, Newton consigue jugar con los distintos planos de la imagen dando al mismo tiempo que profundidad, caos. Pero es un desorden agradable, incluso intrigante, pues uno tiene que pararse un momento para entender la ubicación de cada elemento. El trasero desenfocado en primer término, las piernas vestidas con los míticos tacones de Newton, el espejo, el fotógrafo, su mujer sentada expectante, la puerta abierta a lo lejos... Y cada elemento adopta su rol consiguiendo así sensualidad, fuerza y descaro.

Por Nona Codina. (Colaboración)


viernes, 14 de enero de 2011

Tino Soriano




Instantáneas ideadas, así podrían definirse las imagenes del amante de la Leica, pues en ellas uno encuentra la perfección técnica mezclada con la belleza más seductora del mundo que nos rodea. Y es que Tino Soriano podría pasarse horas esperando a que cada elemento del encuadre estuviera en su debido lugar, los colores en su correspondido espacio y las sombras compensando las luces dando lugar el equilibrio completo de la fotografia.


Tino tiene el don de plasmar la realidad creando cuadros perfectos con su característico punto de humor, fruto de la inspiración del maestro Elliot Erwitt. Con el objetivo de materializar estos elogios, he seleccionado una imagen que creo lo representa bastante.

De entrada, choca la división que Tino da a la imagen. Mediante una barra metálica, el fotógrafo parte la escena en dos espacios, uno dinámico y otro estático. En el primero, Tino no duda en encuadrar el haitiano de cintura para abajo, ganando así cercanía e impacto visual. Además, no pierde información sobre lo que ocurre en la escena puesto que aprovecha la sombra del retratado para contar lo que resta fuera de encuadre. Finalmente, la cereza del pastel, son los colores. Un primer plano potente de tonos cálidos capta nuestra atención, después la mirada se desliza a la sombra humana emmarcada por colores más tenues para terminar fijados en el haitiano pensativo que, curiosamente, reposa ante una pared de colores fríos. Casualidad? No, espera y devoción.

Así son las fotografias de Tino Soriano, un escondrijo de teorías del color, de la composición ni qué decir tiene de la exposición. Pero además, esconde un profundo lado humano que hace de sus imágenes algo bello y cercano.

por Nona Codina. (Colaboración).