Mostrando entradas con la etiqueta Ingmar Bergman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ingmar Bergman. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de enero de 2011

500 Days of Summer

Hay una luz que nunca se apaga. Des-amor Indie.

 

    
     "500 días juntos" es posiblemente una de las comedias románticas mas deliciosas de la década, aun siendo una película de amor no correspondido, de sentimientos desencontrados y muy poco de amor, al menos no como nos lo cuentan en las películas de Hollywood donde parejas superan problemas insuperables para estar juntos y acabar sonriendo eternamente. La cinta de Marc Webb te muestra el amor tal y como es en la vida real, una montaña rusa capaz de inspirarte a hacer locuras o a hundirte en el hastío y la desesperanza. Engorda la lista de recomendables películas indie de los últimos años: Juno, Little Miss Sunshine, Once, Eternal sunshine of a spotless mind (Olvídate de mí), etc.

     Tom Hansen es un tipo romántico y sensible, enfermizamente tímido que sobrevive esperando alcanzar la plenitud en su vida cuando llegue Ella. Summer Finn es vitalista e impredecible, impulsiva y especial, pero de ninguna manera comparte la creencia en el amor de él. Tom Hansen ha sido “dañado” prematuramente por las canciones brit-pop y por una errónea interpretación de la película “El Graduado”. Summer Finn por la desintegración del matrimonio de sus padres. Desde entonces solo ama dos cosas: la primera, su largo pelo negro y la segunda, la facilidad para cortarlo y no sentir nada.

     Marc Webb sabe conjugar la ironía con la candidez, el romance con el desengaño, el respeto al género con la mofa. Es mágico el juego de dualidades en la película. En los sentimientos de los protagonistas, Tom el romántico contra Summer la cínica. En la confusión de Tom versus la claridad de ideas de su hermana pequeña, en la división de pantalla entre las expectativas del personaje encarnado por Joseph Gordon-Levitt y la realidad. En el recuerdo falso y sesgado de una relación y unos momentos que no fueron así contra lo que sucedió en verdad. Que dañino puede llegar a ser el amor, y que puñetera la memoria, que poca objetiva, que únicamente te deja recordar los momentos dulces, te aleja del presente, te ausenta. Y es que, como dice mi escritor favorito, “la memoria es el perro más estúpido, le tiras un palo y te trae cualquier cosa”.

     La escena del ascensor es maravillosa, ella entra con una naturalidad abrumadora, se confiesa fan de los Smiths y ante la cara de embobado de él, ella sale del ascensor como si nada, "ahí te dejo eso" parece pensar. El hilo musical conduce magistralmente la película. Profesa amor a los Pixies desde los momentos festivos del karaoke, propone a los Smiths como camino al enamoramiento, te calma con “quelqu'un m'a dit” y te vuelve a esperanzar con “Please, Please, Please…”. A parte del peso de la banda sonora hay continuos guiños y referencias de gusto y culto. Se cita a Henry Miller, a Oscar Wilde, homenajes a Bergman con “El séptimo sello” y a “El Graduado”.

      Los personajes y actuaciones en estado de gracia hacen la película cercana y dulce, la música y el trabajo de post-producción la hacen dinámica, refrescante, divertida. La estructura no lineal emulando al mejor Gondry en “Olvídate de mí”, el montaje, la ambientación, la banda sonora, y muchos detalles como la conversión de la imagen de video en bocetos a lápiz aportan un plus al largometraje haciéndola muy atractiva.

     Una de esas películas de las que te levantan el ánimo, te inspiran, de las que puedes rememorar escenas con tus amigos con una copa en la mano.

     Una gran comedía, un gran falso amor, un romántico dolido y una esperanza por venir. ¿Será el otoño tan bonito como promete?


Por Ardemo.

sábado, 18 de diciembre de 2010

El placer de escuchar

¡Quiero mas!, eso es lo primero que uno piensa tras visualizar “La Silla de Fernando” película documental de Fernando Trueba y Luis Alegre. Y es que la facultad de buen orador y comunicador no está para nada valorada en esta nuestra sociedad de hoy en día donde se premian y admiran otro tipo de cualidades como la belleza, el éxito y la juventud.

     Fernando Fernán-Gómez consigue la dificilísima tarea de mantener al espectador quieto en su asiento durante hora y media de simple y llana reflexión acerca de España,  de las personas, de la cultura, de la vida en general…muy pocas personas pueden resistir el reto de entretener a sus oyentes con el simple hecho de hablar, para ello hay que poseer dos cualidades: tener cosas interesantes que contar y saber contarlo, cualidades que sin ningún tipo de dudas cumple el protagonista de la cinta.

     En la nochevieja de 1990 unos jovencísimos Trueba y Alegre fueron invitados por Juan Diego a tomarse unas copas a la casa de F. Fernán-Gómez donde como era habitual se reunían personas relevantes del mundo de las artes como Paco Umbral, Manuel Aleixandre o Agustín González y el recuerdo que les quedó de aquella velada no fue el continuo suceder de brindis, chistes o bailes sino la magnífica capacidad oratoria del anfitrión, algo que les hizo sentir como unos auténticos privilegiados y que 16 años después trataron de compartir con el público.

     Ingmar Bergman decía que envejecer es como escalar una montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen pero la mirada es mas libre, la vista más amplia y serena,  doy fe de ello en el caso del genial cineasta español donde a sus ya 85 años se permitió el lujo de realizar disquisiciones con total sinceridad y carente de ningún tipo de prejuicio. El paso del tiempo es un buen aliado para opinar con claridad sobre la España de la guerra civil, la miseria de la postguerra, o de la vida noctámbula que llevó junto a sus compañeros de profesión siempre con una expresividad, serenidad, tono, desesperanza y riqueza en anécdotas admirable.

     ¡Que magnífico placer el de hablar con propiedad y escuchar con atención! ¡Que maravilloso valor ese de una buena conversación! ¡A la mierda los que no quieran disfrutar de ello!

por Caarte