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miércoles, 4 de junio de 2014

La Conjura de los Necios

John Kennedy Toole se suicidó valientemente en 1969, a los 32 años. Dejó una nota, destruida por su madre según se conoce.
El libro fue escrito a principios de los años 60, siendo él pues, muy joven. Su madre consiguió que se publicara 20 años después en 1980, por aquel entonces ella tenía 79 años. En 1981 el libro consiguió el premio Pulitzer. Anteriormente escribió a los 16 años La Biblia de Neón, su otra obra.
Le negaron la publicación de su libro en vida en la editorial Simon & Schuster, alegaron esos “visionarios” que no se trataba de nada en concreto. Esa negación, sin embargo,  sí fue de cobardes y de poca percepción creativa y prospección comercial. Yo me he reído mucho con este libro. Y por eso este homenaje a un personaje muy peculiar como es Ignatius. Un buen libro como tantos otros.
Este artículo intenta no recoger ninguna opinión, sólo un recopilatorio semiordenado de los aspectos más recalcables del manuscrito según mi versión.
Hay tres bloques: Mi Ignatius, Clase media obrera y Trabajo en Levi.

Bloque 1 Mi Ignatius
En este apartado trataremos de sumariar algunas de sus frases míticas en estos 4 subgrupos: su Higiene, su Visión del mundo, su Madre/mujeres, sus Patrones (entre paréntesis siempre estarán mis comentarios para una mejor ubicación contextual en caso de necesidad, lo demás es copiado del libro literalmente. Un plagio en toda regla)

Su Higiene
¡Huele a demonios aquí! (habitación de Ignatius, aire rancio) – ¿Bueno, qué esperas Madre? El cuerpo humano cuando está confinado emite ciertos aromas que tendemos a olvidar en este tiempo de desodorantes y otras perversiones.
Queja contra Ignatius de la Inspección de Higiene cuando fue vendedor de salchichas ambulantes y de hecho había metido un gato dentro del cubo de las salchichas: Mis hábitos íntimos están por encima de cualquier reproche. No arrastro ninguna enfermedad social, no entiendo, por tanto, qué podría transmitirles yo a sus salchichas que ellas no tuvieran ya. Fíjese qué uñas” .


 Su Visión del mundo
El universo se basa, por supuesto, en el principio del círculo dentro  del círculo.
El orgullo es un Pecado Mortal que creo que en general eludo.
La posesión de algo nuevo o caro sólo reflejaba la falta de teología y geometría de una persona. Podía proyectarse incluso dudas sobre el alma misma del sujeto.

Sus mujeres: Madre y Myrna Minkoff
Sobre Madre Ignatius:
Hasta mi madre, el agente de mi destrucción, ha empezado a morder la mano que la alimenta (nunca Ignaitus había llevado financiación en casa, al contrario, piensa que su presencia y esencia le alimente per se).
La intemperancia cataclismática de mi madre me ha arrojado al mundo con la mayor crueldad (buscar trabajo tras el accidente de coche).
Mi Madre se relaciona ahora con unos indeseables que intentan convertirla en una especie de atleta, especímenes depravados de la humanidad que se dedican a jugar a los bolos y se sumergen así en el olvido (cuando por fin su madre encuentra amigos y que sale de casa a airearse y empieza a conocer a un buen hombre, Clyde).
Cuando le presiona a buscar nuevo trabajo tras el despido en Levi´s: “¿voy a verme arrojado de nuevo al abismo? ¿Es que no tienes caridad? Necesito una semana al menos en mi cama, con servicio, para recuperarme”
Sobre el nuevo novio de su madre: “¿Piensas en serio que ese libertino de Claude quiere casarse contigo? Te arrastrará de un motel apestoso a otro. Acabarás en el suicidio.”
Sobre Myrna: Yo la fascinaba y la confundía  al mismo tiempo; era en suma,  demasiado para ella. En cierto modo, me convertí en otra especie de causa. Logré no obstante, desbaratar todos sus intentos de asaltar la fortaleza de mi cuerpo y mi inteligencia (miente como un bellaco).
Tu destino no es que traten bien. Tú eres una masoquista innata. Si te trataran bien te confundirían y te destruirían (esto sí puede ser cierto).


 Sus Patronos/su Trabajo
Carezco, al parecer, de alguna perversión especial que buscan los patronos de hoy.
Sobre un patrón: “Era un hombre absolutamente desalmado. Luego hizo aquel comentario porque yo no llevaba corbata y se burló de mi chaqueta de maderero. Me dejó atónito que una persona tan insustancial se atreviera a hacerme semejante afrenta”.
Los patronos perciben que yo rechazo sus valores. Me tienen miedo. Sospecho que se dan cuenta que me veo obligado a actuar en un siglo que aborrezco.
Sobre un antiguo trabajo en una  biblioteca “dudo que me acepten de nuevo. La verdad es que le dije unas palabras más bien mordaces a la encargada del departamento. Hasta me retiraron el carnet de socio. Tienes que comprender el miedo y el odio que inspira a la gente mi “weltanschaung” (Dilthey 1914, Welt= "mundo", y anschauen = "observar", cosmovisión en la  complicada traducción castellana)

Llegamos a mí parecer a las dos historias que más me llamaron la atención. En la primera nos hace un análisis sobre el concepto de su propia ambición y el papel de la clase obrera tomando como ejemplo a la raza negra en USA tras muchos años ya del abolicionismo (1870)  Aquí me limito a copiar texto íntegro del libro:
1        Clase media obrera
Es la esclavitud de los negros mecanizada; ejemplifica el progreso que ha hecho pasar al negro de recoger algodón a cortarlos y coserlo. Si estuviesen aún en la etapa recolectora de su evolución, al menos estarían en un entorno campestre saludable cantando y comiendo sandías.
Pese a lo sometidos que han estado, los negros son una geste bastante agradable en general. Yo había tenido poca relación con ellos, en realidad sólo me relaciono con mis iguales, y como no tengo iguales, no me relaciono con nadie. Descubrí que cobraban aún menos que Trixie.
Siento afinidad con la gente de color, porque su situación es igual a la mía: nos hallamos fuera del círculo de la sociedad norteamericana. Mi exilio es voluntario, por supuesto. Es evidente, sin embargo, que muchos negros desean convertirse en miembros activos de la clase media. He de admitir que ese deseo suyo me lleva a poner en entredicho sus juicios de valor.
Admiro el terror que son capaces de inspirar los negros en los corazones de algunos miembros del proletariado blanco y sólo desearía, ésta es una confesión muy personal,  poseer la misma capacidad de aterrar. El que es negro aterra simplemente por serlo; yo, sin embargo, tengo que esforzarme un poco para lograr el mismo fin.


Además, si fuera negro, mi madre no me presionaría para que encontrara un trabajo bueno, pues no habría ningún trabajo bueno a mi disposición. Ella y yo viviríamos muy agradablemente en alguna choza mohosa de los suburbios, en un estado de paz sin ambiciones, comprendiendo satisfechos que no se nos quería, y que luchar y esforzarse no tenía sentido.
Jones pregunta a Ignatius: ¿qué puede hacer un tipo de color para dejar de ser vagabundo o dejar de trabajar por menos del salario mínimo? – Por favor, no puede hacerse usted idea de la confusión en que se halla. Todos sus juicios de valor son erróneos. Cuando llegue  a la cima o donde pretenda usted llegar,  tendrá una crisis nerviosa, o algo peor. ¿Sabe de algún negro que tenga úlcera? No, claro que no. Viven contentos en sus cuchitriles. Agradezca a Fortuna no tener ningún padre caucásico atosigándole. Lea a Boecio.  Boecio le demostrara que esforzarse y luchar es, en último término absurdo. Que tenemos que aprender a aceptar.

Trabajo en LEVY

Carta suplantando a Levy Abelman (aquí Ignatius suplanta al dueño de Levi´s tras una queja escrita de sus mayores clientes textiles, sobre un pedido en concreto con un problema en los patrones de los pantalones que no se ajustaban al pedido inicial. Entonces Ignatius que llevaba pocos días en la histórica empresa familiar, lanza esta carta al presidente del cliente):
Los pantalones que les enviamos era un medio de comprobar su espíritu de iniciativa (una empresa mercantil más inteligente y más despierta sería capaz de conseguir que los pantalones de pernera de 3 cuartos se convirtieran en prototipo de la moda masculina. Es evidente que tienen ustedes unos programas de publicidad y comercialización muy deficientes y son un medio de poner a prueba su capacidad para cumplir  con los requisitos básicos del distribuidor de un producto de tanta calidad como el nuestro. (nuestros leales y diligentes distribuidores pueden vender cualquier pantalón que lleve la etiqueta Levy, por muy abominable que sea de hechura y diseño. Al parecer, son ustedes  gente sin fe. No queremos que nos molesten en el futuro con quejas tan insulsas. Por favor, limiten su correspondencia exclusivamente a pedidos. Somos una organización activa y dinámica, y sus vejámenes e insolencias sólo podría obstaculizar nuestra misión. Si vuelve usted a molestarnos, señor, sentirá el morder del látigo en sus hombros repugnantes.
Coléricamente suyo, Gus Levy, Presidente.
Para terminar con el tema de la empresa Levi, Ignatius dijo esto del matrimonio del Sr. Levi y su señora:
“Se consideraban mutuamente los únicos elementos no gratificantes de la casa”
Su mujer le dijo al Sr. Levi: “Has hecho que todo resulte tan vulgar, yo incluida”
Para terminar, un reconocimiento a la traducción del libro, tarea nada fácil. Aquí una muestra del vocabulario utilizado que encuentro interesante por la razón que sea  y además también un pequeño apartado de algunos nombres propios que nunca aparecen por azar. Mi siguiente paso será leerlo en su idioma original. En esta o en otra vida.      

Vocablos: casandrescamente / espíritu extraño /congénitamente incapaz/los inconvenientes del lugar/ penetrante diario/bebedor  inveterado/especia de pátina/reacción casi pavloviana (música blues diaria fabrica)/Scarlatti/tenedor herrumbroso/ adenoides/ solícitamente/mis tarsos/mi tomante/fatuidad/tunanta de mi madre/mi némesis pubescente /Manos de vinatera! Mujer disoluta/ Cállate, zarrapastrosa / tarambanas/ mi senectud.
Nombres propios: Numismática Venus/funesto farsante llamado Mark Twain (apología río Mississippi)/Jospeh Conrad / Kurtz “el corazón de las tinieblas” Rosvita de Gandersheim/ Schiller (dramaturgo alemán, 1805, filósofo, absolutismo hacia burguesía/Boeciosería central para la Escolástica, entre id quod est (todo el ente) y quo est o esse (aquello que hace que el ente sea).


Adison “la naturaleza hace a veces un tonto; pero un fanfarrón siempre es obra del hombre”.

Por Tomarasp.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

VERANO de J.M. Coetzee

Una Nueva Visión de una Autobiografía.
 
 
     El Nobel sudafricano abre nuevos caminos literarios con Verano, que supone la tercera parte de su autobiografía ficticia junto a Escenas de una Vida de Provincias e Infancia y Juventud. Fue nombrada novela del año de 2010 por Babelia, suplemento sobre literatura de El País.
     Es una novela ingeniosa y Coetzee se muestra juguetón y creativo en el estilo y en la idea de lo que una nueva visión de una autobiografía puede ser. Imagina que está muerto y que un biógrafo está tratando de reconstruir cómo era su vida en la época en la que escribió sus dos primeros libros, Tierras de Poniente y En Medio de Ninguna Parte, entre 1971 y 1977. El biógrafo tiene que trabajar con sólo unos fragmentos de memorias; algunos quizá no son fiables y con toda seguridad subjetivos, de modo que parte en busca de personas que conocieron a Coetzee en aquellos años y les entrevista.

     El libro consta de siete capítulos, de los cuales cinco son conversaciones con personas que conocieron al supuesto difunto escritor. El texto está redactado en forma de transcripción de dichas entrevistas con esos cinco individuos. El artificio que usa el autor es el de crear un joven biógrafo inglés, Vincent, que recaba datos sobre el periodo que transcurre entre 1972 y 1975 de la vida de John Coetzee, célebre escritor galardonado con el Premio Nobel y fallecido en Australia. Así tenemos diversos puntos de vista, anécdotas y sensaciones sobre la personalidad del sudafricano. Empezando por Julia que habla del escritor pero su ego le hace centrarse más en su propia vida, y en sus vaivenes matrimoniales que la llevan hacia esa relación erótica anti-romántica con John, a Margot, personaje de la familia que prefiere escuchar de boca del biógrafo su propio relato y su amor hacia Coetzee, en tercer lugar a Adriana quizás el personaje con más peso y más característico y fuerte que nos ofrece una nueva visión del escritor desde su odio y prejuicios en su narración, Martin, que compitió con él por un puesto de profesor en la universidad y finalmente a Sophie la más condescendiente con el autor.  Las cinco entrevistas se abren y cierran con unos Cuadernos de Notas del supuesto John Coetzee correspondientes a esos años.
 
     De esta manera camufla una autobiografía donde repasa su vida en los años setenta a través de unos pocos hechos cruciales. Se describe en boca de estas personas (especialmente las mujeres, que se postulan implacables con él) como alguien conmovedor, torpe y solitario, incluso huraño. Viviendo en la pobreza con su padre, hace elogio de la vida simple y del trabajo manual. Se presenta como un bohemio y con una visión romántica de la decadencia. Y a ojos de las mujeres de la novela como un mal amante, casi asexual y sin virilidad ni pasión.
     También cobra especial importancia el lugar donde se sitúa el relato. Sudáfrica, en la región solitaria e inhóspita de Karoo, y por otro lado en  Ciudad del Cabo. Coetzee se muestra muy crítico con el apartheid, con el racismo y las grandes diferencias entre las clases sociales en el país africano.
     A vueltas de nuevo con el tema la identidad. ¿Quiénes somos realmente? Decía Vila-Matas en uno de sus libros que por más que se empeñase en ser otra persona, a ojos de los demás acababa siempre siendo percibido como la misma persona. Él quería ser como Hemingway, pero no había manera, sus cercanos le veían no como él quería sino como realmente era. Y es que no somos más que la percepción del otro. Partiendo de esta idea Coetzee prefiere escribir su autobiografía desde la imagen que deja en el resto después de muerto, siendo así quizás la más fidedigna posible. Y como Vila-Matas, John Coetzee ama la mentira, el juego ficción-realidad, crea su muerte para visionar su propia existencia desde allí. Como si de unas memorias desde la ultratumba se tratasen.
     Quizás se podría considerar un ejercicio de exhibicionismo y cierta vanidad escribir una autobiografía, sin embargo, nada más lejos de la realidad en este caso donde Coetzee nos desnuda su interior sin paliativos. Ensalza sus flaquezas, sus frustraciones, su culpa, su no saber estar en el mundo. Lo que da como resultado una novela emotiva, sincera y profundamente honesta.

Por Ardemo.

miércoles, 25 de abril de 2012

Carreteras Secundarias de Ignacio Martínez de Pisón

A veces, entre grandes clásicos, entre monumentales novelas, entre libros de los más grandes autores, cae en tus manos algún libro desconocido, sin la pomposidad de los anteriores, y a veces sí, te atrapa y te envuelve en una maravillosa historia y una deliciosa prosa. Este es el caso de “Carreteras secundarias” de Ignacio Martínez Pisón (Zaragoza 1960), uno de los escritores con mejor presente del panorama literario español. Llegué al libro como se llega a muchos sitios en la vida, por una recomendación en algún artículo perdido en la memoria, luego a esperado su momento en la librería de casa, donde otros muchos esperan su tiempo y su lugar, y una vez llegada su fecha no ha defraudado en absoluto, es más, me regaló unos días de excelente y apasionante lectura.

Felipe es el narrador de la novela, un adolescente de 15 años al que por culpa de su desastroso padre le ha tocado vivir una vida errante, de pueblo en pueblo, sin amigos, sin madre (fallecida al poco de él nacer) y sin perro (su gran ambición). Su anómala situación le ha forjado un carácter antisocial, odia a su padre, se avergüenza de él, de su incapacidad y de su ridícula fachada de hombre triunfador, odia a las novias de sus padres, a cuál más absurda y odia a los niños de su edad, mucho más inocentes y débiles que él.

Con un lenguaje muchas veces hilarante y otras veces lleno de emoción, Felipe nos narra las desventuras de padre e hijo, tratando de ganarse la vida con negocios ruinosos o pequeños timos que les conducen a una constante huída, sin un rumbo fijo, con el único objetivo de seguir on the road, en busca de un nuevo apartamento, una nueva playa, unos nuevos vecinos, un nuevo amanecer.

La vida pone a cada uno en su sitio y poco a poco Felipe va descubriendo que tras la vergonzante caricatura en la que se ha convertido su padre habita la persona más importante en su vida y el ser humano que sería capaz de hacer cualquier cosa por él, a fin de cuentas son padre e hijo y efectivamente tiene muchas más cosas en común con él de las que en un principio creía.

Un libro que invita a reflexionar sobre los avatares que nos depara la vida y el viaje interior que todos experimentamos mientras dura nuestra particular aventura en este mundo, un libro que nos ayuda a cuestionarnos las relaciones con nuestros padres e hijos, un libro donde al final triunfan los sentimientos y te sientes reconciliado con tu gente y contigo mismo.

Aquí pues queda mi positiva recomendación, si tienes unos días de vacaciones y necesitas una novela que te absorba las horas ya sabes que “Carreteras secundarias” te está esperando en tu particular estantería.

Por Caarte.

viernes, 13 de enero de 2012

[Cerré mi puerta al mundo] de Emilio Prados

Emilio Prados (Málaga 1899- México 1962) fué un poeta perteneciente a la generación del 27 y al igual que muchos de sus compañeros de generación estudió en la Residencia de Estudiantes, durante la guerra civil se posicionó notablemente en favor de la causa republicana y tras la derrota de esta tuvo que exiliarse por el resto de sus días.

La poesía de Prados se puede clasificar en tres etapas, una primera juvenil caracterizada por la reflexión metafísica, acompañada de elementos naturales como el mar, la noche o el viento; una segunda de caracter social marcada por la guerra civil y su desgarro; y una tercera etapa ya en el exilio donde vuelve a interiorizarse haciendo un recorrido existencial de su ser.

El poema que os presentamos pertenece a su primera época y en ella el poeta plasma de manera magistral su actual estado de iluminación donde el materialismo carece de peso y la espiritualidad prima sobre todas las cosas.

Cerca de los 30 años Emilio Prados no puede concebir la vida de una manera que no sea trascendental y en este poema traza claramente su visión de la existencia y de su manera de caminar por ella: su nueva manera de ser la refleja como un estado de auténtica transparencia y llena de verdad, lejos de la contaminación del día a día.

Cerré mi puerta al mundo;
se me perdió la carne por el sueño...
Me quedé interno, mágico, invisible,
desnudo como un ciego.

Lleno hasta el mismo borde de mis ojos
me iluminé por dentro.

Trémulo, transparente,
me quedé sobre el viento,
igual que un vaso limpio
de agua pura,
como un ángel de vidrio
en un espejo.

Por Caarte.

viernes, 23 de diciembre de 2011

La noche de los tiempos, la gran novela de Muñoz Molina.

Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956) es sin lugar a dudas uno de los grandes de la literatura actual española, autor de numerosas novelas ocupa la letra U en la Real Academia de la Lengua desde el año 1995.

Su última novela es “La noche de los tiempos” la cuál es su obra más monumental, un libro de casi 1000 páginas ambientada en el último año de la 2º República y en los primeros meses de le guerra civil española.

Cuando comencé a leer la novela, esas primeras veinte páginas, supe desde el primer momento que tenía entre mis manos un auténtico regalo, una obra que me iba a hacer disfrutar de lo lindo; una excelsa prosa, una narración de perfil psicológico rica en detalles donde el argumento avanza lento y la ambientación en un periodo de España que da para mucho fueron los culpables de que me frotara las manos desde el primer momento.

Muñoz Molina juega de manera magistral con los saltos en el tiempo, Ignacio Abel el protagonista de la novela está terminando su angustioso y fatigoso viaje de exiliado a Estados Unidos en un tren cualquiera cuando empieza a echar la vista atrás y rememorar su último año de vida donde muchas cosas han pasado aunque principalmente dos: la aparición de un amor que derriba los muros de su yerma vida sentimental y el estallido en forma de guerra civil de una sociedad llena de odios y diferencias. Los saltos temporales en vez de mostrarse liosos y molestos como sucede en otras novelas aquí logran un efecto magistral, llenan el libro de un dinamismo que consigue abordar la historia de los personajes desde todos los puntos de vista, tanto vitales como psicológicos; Y es que Muñoz Molina consigue contar la vida de Ignacio Abel con gran maestría, el lector acaba conociendo íntimamente al personaje, sus humildes orígenes, su exitosa carrera profesional como arquitecto, su gris matrimonio carente de pasión, su marcada ideología política no carente de un carácter débil, cobarde y de antihéroe, la relación con la familia de su esposa tan lejana a él, y el comportamiento de un personaje tan seco ante la disyuntiva que le ofrece la vida: una americana bastante más joven que él que le despierta su ya olvidado lado amoroso y pasional. Todo ello nos es contado con una genial destreza, introduciéndonos en la mente de Ignacio Abel y mostrándonos todas sus inquietudes y pensamientos más íntimos.

El manojo de personajes que residen en la novela es de gran credibilidad, todos ellos son catalogados por su ideología política que en el año 1935 en España era lo más importante que tenía cada persona, o se era de un bando o del otro. Algunos de estos protagonistas son personajes históricos reales por lo que el libro aparte de su carácter novelesco tiene una importante y muy interesante versión histórica donde podemos comprobar el horror que debió ser vivir en España en aquella época, la condición humana mostrando su peor cara, la violencia gratuita, los ideales exacerbados, el fin siempre justificando los medios, las traiciones mas ruines, en definitiva dos maneras de pensar distintas en un mismo país queriendo la una destruir la otra sin ningún tipo de piedad.

La voz narradora salta de una enigmática primera persona que sabe todo de los personajes y que se sitúa en la actualidad a la voz del protagonista Ignacio Abel en los años convulsos de la guerra civil, ello sin hacer al lector ningún tipo de incomodidad ya que ambos narradores se centran en el desarrollo de la historia con un mismo perfil y la misma finalidad.

Aunque la documentación histórica tenga mucho peso en la novela, esta no deja de ser una historia de amor donde el autor se recrea y detalla con gran éxito todos los pequeños matices que florecen en la mente de los enamorados en la primer etapa de una relación, gestos, conversaciones, elección de palabras determinadas al hablar, sentimiento de celos, miedo a la pérdida, despecho, pasión sexual, etc. Esto mismo, es decir, el amor, es quien pone el punto final al libro, regalándole el autor el broche final por encima de la vertiente histórica de la novela.

Muñoz Molina, uno de nuestros mejores escritores de la actualidad sin lugar a dudas y “La noche de los tiempos” una de sus mejores novelas, que debido a su carácter monumental podría llegar a convertirse con el paso del tiempo en una de las grandes novelas en castellano de nuestro tiempo.


Por Caarte.

domingo, 6 de noviembre de 2011

“Los desnudos y los muertos” de Norman Mailer

Norman Mailer (1923-2007) fue una de los hombres de letras más influyentes en la América del siglo XX, no sólo por ser un gran novelista sino también por ser una de los periodistas más reputados así como guionista de relumbrón e incluso cineasta. Sus opiniones políticas (entre la izquierda y el conservadurismo más rancio) y su particular estilo de periodismo literario le convirtieron en un periodista de referencia.

Como escritor en él se produjo un hecho que no suele ser muy habitual, alcanzó su cima literaria con su primera novela (Los desnudos y los muertos) y a la temprana edad de 25 años, en este libro Mailer desgrana las experiencias vividas por él mismo en el ejército durante la 2ª guerra mundial cuando Estados Unidos se incorporó a la contienda tras el ataque japonés a Pearl Harbor.

El libro nos sitúa en Anopopei, una pequeña isla del Pacífico donde los americanos deben de tratar de liquidar a los japoneses, en este contexto Mailer desarrolla el día a día de la guerra, tanto en el campamento como en el frente.

Norman Mailer se apoya en todos sus protagonistas, ya que se puede hablar que estamos ante una novela coral, para hacer un profundo análisis de la sociedad americana de la primera mitad del siglo XX, de hecho el libro tiene saltos en el tiempo que el autor aprovecha para desarrollar un perfil individual de cada personaje y mostrarnos la vida de cada uno de ellos hasta el momento presente de la campaña en el Pacífico.

Aparte de mostrarnos los distintos estratos sociales de la sociedad estadounidense y de sus papeles en el ejército, Mailer teje magistralmente los perfiles psicológicos de cada personaje y de cómo estos se enfrentan a las situaciones a los que la guerra los expone. La crueldad, la falta de crepúsculos, la lucha moral interior describen la guerra con un realismo impresionante, también nos traslada a esa época los prejuicios sociales de los soldados así como el machismo o cómo la religión les provoca conflictos interiores.

La novela consta de casi 700 páginas donde también encontramos mucha táctica militar en manos del general Cummings y una descripción increíble de la dureza tanto física como psicológica a la que los soldados deben hacer frente, llegas a sentir realmente lo que es la extenuación humana en su grado máximo, por otro lado Norman Mailer nos hace ver como el ser humano es una simple marioneta en los brazos del poder y como las vidas humanas pasan a ser meros instrumentos de la alta política.

Libro muy recomendable para los amantes de series como “The Pacific”, “Band of brothers” o películas como “Salvar al soldado Ryan” y demás largometrajes del mismo género ya que “Los desnudos y los muertos” es una de las novelas más logradas de la 2ª guerra mundial así como una de las novelas más importantes de la literatura americana del siglo XX.

Por Caarte.

miércoles, 26 de octubre de 2011

"No volveré a ser joven" por Gil de Biedma

Jaime Gil de Biedma es ya, a día de hoy, el poeta español más influyente de la segunda mitad del siglo XX, perteneciente a la generación del 50 el autor fué referente para muchos poetas contemporáneos suyos o para las nuevas generaciones.

Aprisionado entre el libertinaje más canalla y la profesionalidad más sobria como alto directivo, entre su pasado de familia tradicional y sus ideales izquierdistas, Gil de Biedma desarrolló una obra poética basada principalmente en dos conceptos: el tiempo y el personaje Jaime Gil de Biedma, o lo que es lo mismo, como el paso del tiempo afecta a el poeta y a sus percepciones.

El poema que presentamos aquí es un claro ejemplo de ello, en él aparte de mostrar cómo los años van haciendo mella en la ignorancia e ilusión del joven que todos hemos sido en algún momento, Jaime Gil de Biedma hace hincapié en el carácter nihilista que tiene la vida en sí misma, donde no importa lo que hagas en vida ya que el resultado será el mismo para todos.

El poema es posiblemente su composición más conocida, su brevedad y profundidad hacen de él un deleite para los sentidos, donde como todos los buenos poemas requieren de un momento posterior de reflexión.

NO VOLVERÉ A SER JOVEN

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

 
Por Caarte.

lunes, 25 de julio de 2011

Amar en Madrid, retrato umbraliano de un pueblo grande.

Cada cierto tiempo hay que volver a Umbral, para oxigenarse, para respirar literatura, para meterse en sus gafas y ver a través de su perspicaz mirada y para caminar por las calles de Madrid, esa aldea gigante que Paco tan bien conocía y que tan bien ha retratado y explicado.

Umbral decía que Madrid es un género literario, por su historia, por sus escritores, por sus tertulias, por sus personajes, y a ese género dedicó bastantes de sus numerosísimos libros. Novelas que reflejan Madrid a través de la segunda mitad del siglo XX, viviendo entre el casticismo y la modernidad, entre el franquismo y la movida, entre el tintorro y el whisky, entre cuadros y libros, en definitiva, entre ese pueblo grande que era Madrid y la cosmopolita urbe que es hoy en día.

“Amar en Madrid” no es una novela si no una recopilación de artículos donde la capital es protagonista o marco de personajes varios. “Amar en Madrid” es un conjunto de miradas y retratos de los madrileños o demás gentes que habitan o pasan por esta ciudad con ánimo de triunfar, divertirse, mendigar o simplemente vivir. Publicado en 1972 el Madrid que detalla Umbral en estas columnas es un Madrid que mira hacia al futuro con un deje muy andaluz, muy rústico y tabernero, como dice Paco: Andalucía empieza en Madrid.

Los puntos de vista con los que Madrid es retratada son muchos y casi siempre a través de diversos y variopintos personajes, desde gitanos hambrientos a señoronas de Serrano, desde camareros de cafés a estrellas de tablao, desde grises y desencantados taxistas a escritores malditos. La variedad de protagonistas es magnífica y riquísima en detalles: hippies de Santa Ana, jugadores de partidas clandestinas, respetuosas, gente guapa del barrio de Salamanca, aspirantes a ministro que ven como pasa su vida sin posibilidad de perdurar, jóvenes que delinquen en la Casa Campo porque la vida no les ofrece más opción, viejos que no les gusta el hogar y cada día arriesgan su vida al escaparse a la frenética y muchas veces hostil ciudad etc.

Leer Madrid a través de Umbral es pasear con los ojos bien abiertos por todos y cada uno de los madriles existentes, barriadas periféricas llenas de trabajo y hambre, calles céntricas inundadas de noctámbulos soñadores, cafés rebosantes de tertulias intelectuales, incluso playas cuando Madrid tenía playa...

Si quieres saber cómo era el Madrid de principios de los 70 desde todas sus aristas, desde cualquiera de las 24 horas del día, entonces tienes que tomar a Umbral del brazo y dejarte guiar por este fabuloso cicerone, este cronista excelente y genuino que fue Francisco Umbral.

Por Caarte.

martes, 24 de mayo de 2011

Vida Urbana de Jorge Guillén.

Estamos saciados de cotidianidad, desde que nos levantamos hasta que nos lanzamos a los brazos de Morfeo todo lo que vemos, oímos, palpamos es tosco, rígido, zafio, demasiado tangible en definitiva. No hay tiempo para la reflexión, para la pausa, para el corazón (todo es cabeza), no hay tiempo para la poesía en definitiva. Y es que la ciudad es lo que tiene, todo sucede a velocidad de vértigo, nadie espera a nadie, los semáforos estan deseando ponerse en verde para que todo acelere de nuevo, la gente se cabrea, discute, pide mas y a cambio da menos.

Esta contradicción es donde se enmarca el poema de Jorgue Guillén "Vida urbana", el misticismo dentro de la chocante realidad, el poeta es aquel que caminando por las calles grises de una ciudad cualquiera va oliendo poesía, aunque no se vislumbre ningún paisaje poético a primera instancia.

Guillen refleja concretamente lo paradójico que hay en encontrarse con la solemnidad de un cementerio en medio del hervor de la ciudad, un oasis de paz y muerte en medio de la arrolladora vorágine de la urbe. Del mismo modo que la ciudad no repara en la eternidad que desprende ese cementerio que hay en ella, Jorgue Guillén  observa en la total ignorancia del cesped con respecto a las tumbas que hay sobre él.

Jorgue Guíllén, vallisoletano ilustre pertenenicente a la generación del 27 y autor de "Cántico" donde se sitúa el comentado poema.

VIDA URBANA


Calles, un jardín,
Césped -y sus muertos
Morir, no, vivir.
¡Qué urbano lo eterno!

Losa vertical,
Nombres de los otros.
La inmortalidad
Preserva su otoño

¿Y aquella aflicción?
Nada sabe el césped
De ningún adiós.
¿Dónde está la muerte?

Hervor de ciudad
En torno a las tumbas.
Una misma paz
Se cierne difusa.

Juntos, a través
Ya de un solo olvido,
Quedan en tropel
Los muertos, los vivos.


Por Caarte

sábado, 14 de mayo de 2011

Los Enamoramientos, nueva novela de Javier Marías.

¿Sería un estorbo que un ser querido muerto volviera a nuestra vida? ¿Porqué el estado de enamoramiento tiene tan buena crítica cuando es capaz de hacer comportarse a sus afectados de manera estúpida y peligrosa?¿Debemos preocuparnos de la fecha de nuestra muerte cuando nos hemos visto avocados a la vida sin previa consulta o cuando tarde o temprano todos acabaremos en la nada?

Este tipo de preguntas y muchas más por el estilo son el núcleo central de “Los Enamoramientos” la nueva novela de Javier Marías. A quienes somos incondicionales del escritor madrileño no nos sorprende para nada esta manera de abordar, centrar, fijar su nuevo libro, todas sus novelas se caracterizan por ser escritos excesivos en excelsas reflexiones y escasos en tramas. Sus personajes, normalmente pocos, conocidos por más de un nombre o apodo, suelen insertarse en magníficas disertaciones sobre cualquier aspecto de la vida, el pasado, los comportamientos sociales etc, todos los personajes de Marías tienen algo del propio escritor, todas las bocas y lenguas de ellos son tomadas por el autor para expresar su visión o sacar a relucir nuevos y sorprendentes puntos de vista.

Cuando uno se enfrasca en un libro de Marías no está deseando saber que le va a suceder a tal o cuál personaje, no está impaciente por descubrir cuál será el desenlace de esta o aquella situación, cuando uno lee a Marías simplemente se deja llevar por el torrente de palabras, se regocija en el espectacular laberinto de oraciones subordinadas, cuando uno acaba un capítulo de Marías solo cabe parar y pensar, con una sonrisa en la cara, que manera de escribir!, es a lo máximo a lo que puede aspirar un escritor, a que sus lectores se rindan a su arte y lo puedan oler y disfrutar como si de música se tratara.

Las escenas principales en las que se desarrolla la novela se cuentan con los dedos de una mano, pero son más que suficientes para que muchos nos cuestionemos, una vez más, sobre verdades comúnmente aceptadas por la sociedad, y para desarrollar una historia donde el enamoramiento, los celos, el drama, el sentimiento de culpabilidad son elementos cruciales que marcan a los personales del libro.

Tras la monumental trilogía “Tu Rostro Mañana” obra cumbre en el escritor y digna de ser considerada como una de las mejores novelas en castellano del último siglo, Javier Marías vuelve con más de lo mismo, pero en este caso no se puede tomar como algo peyorativo sino como una bendición, sigue así Marías, sigue escribiendo páginas y más páginas que nos hagan disfrutar del placer de la lectura, leer por leer.

Por Caarte.

viernes, 6 de mayo de 2011

La Caída de los Gigantes, la obra más ambiciosa de Ken Follet.


Se puede decir que Ken Follet es el verdadero especialista en escribir best sellers actualmente, su capacidad para contar historias llenas de dramatismo e intriga es insuperable y se cuentan por millones los fieles seguidores que devoran sus libros con un ansia desmedida. Lo que sí pensábamos muchos es que ya había tocado techo con su aclamadísimo “Los pilares de la tierra” (1992) y (aunque en menor medida) su continuación “Un mundo sin fin” (2007).

En esas estábamos cuando de repente el ya sexagenario galés nos sorprende a todos con su proyecto más ambicioso y por el cual parece que será recordado en el futuro, una trilogía llamada “The Century” (El siglo) donde pretende repasar los acontecimientos históricos del convulso y trágico siglo XX a través de las vidas de cinco familias de varias nacionalidades: inglesa, galesa, estadounidense, rusa y alemana.

En su primera entrega llamada “La caída de los gigantes” aborda los sucesos acaecidos entre 1911 y 1921 aproximadamente, es decir, la 1ª guerra mundial y la revolución rusa. El segundo libro estará situado en la 2ª guerra mundial y la trilogía se cerrará ambientada en la guerra fría.

Ken Follet en esta novela retrata de manera admirablemente fiel la realidad sociopolítica de comienzos del siglo XX: las enormes desigualdades sociales donde los trabajadores, ya fueran mineros, agricultores o trabajadores en fábricas eran explotados hasta la extenuación y su esperanza se limitaba a poder ser explotado para poder gozar de un día a la semana en la que descansar y seguir pasando hambre, la vergonzante discriminación de la mujer en cualquier ámbito de la sociedad donde no tenían derecho a voto, ni a heredar, ni a poder rebatir ninguna opinión a un hombre, la tiranía de los terratenientes y de los aristócratas que tras la revolución francesa de un siglo antes empezaban a ver peligrar la seguridad que siempre habían tenido en la conservación de sus aberrantes privilegios.

De las cinco familias antes mencionadas surge un ramillete de una decena de personajes protagonistas que Follet los irá relacionando de manera apasionante mediante tramas políticas y sentimentales. Desengaños, pasiones, reencuentros y traiciones irán tejiendo el discurrir de las 1000 páginas de las que consta el libro y las aventuras vitales de los personajes principales.

La novela además de su deslumbrante narrativa y de su intensa capacidad para mantener al lector en vilo destaca por su documentación histórica, estamos sin lugar a duda ante un auténtico libro de Historia donde quedan desgranados con todo lujo de detalles todos los acontecimientos sucedidos en esa época, los hechos que originaron la Gran Guerra, las tramas diplomáticas que desencadenaron el enfrentamiento de todas las naciones involucradas en el conflicto, las causas y consecuencias de la revolución bolchevique así como el desenlace de la guerra que constó 10 millones de vidas, la mayoría de ellas de personas a las cuales no se les preguntó por sus ideas y fueron conducidas a la muerte de manera injusta y ridícula.

La ficción y sus personajes se mezclan e integran de manera genial con los personajes y hechos históricos como Winston Churchill, Lenin, el rey Jorge V, el Kaiser Guillermo II, el presidente Wilson, el Zar Nicolás II, la batalla de Tannenberg o del Somme (narradas con un realismo descriptivo admirable), el regreso de Lenin a Petrogrado tras el exilio, el tratado de Versalles en el que se firmó el armisticio de la contienda, la creación de la Sociedad de Naciones, la Guerra Civil Rusa o el origen de la Ley seca en Estados Unidos.

Estamos bajo mi opinión ante un libro, y posiblemente una trilogía, que pasará a la historia como una obra de dimensiones inconmensurables por su extensión y por su capacidad épica. El tiempo dictará sentencia y veremos si se queda en simple best seller que arrasa en las tiendas o dentro de un siglo será recordada como una de las historias más admiradas de nuestro tiempo.

Por Caarte.

viernes, 29 de abril de 2011

"Donde habite el olvido": de Bécquer a Sabina pasando por Cernuda

Los versos, su forma, contenido y significado van mutando y heredándose de poema a poema, de poema a canción, de generación en generación, de siglo en siglo, y se instalan en el imaginario colectivo donde los poetas buscan ideas y trabajan con las palabras.

Joaquín Sabina es el letrista español con mayor reconocimiento en los últimos treinta años, su originalidad siempre ha conectado con el gran público y a todos nos ha hecho reír con sus satíricas letras o emocionar con sus sentimentales versos. Poeta urbano, cronista de los submundos nocturnos y lector compulsivo siempre ha bebido de la fuente de los grandes clásicos, siempre ha luchado por acercar la poesía y el oficio de orfebre de las palabras a la gente llana, su fama ha permitido que mucha gente haya podido descubrir a los grandes poetas hispanoamericanos del siglo XX como Ángel González, Cesar Vallejo, Antonio Machado, Rafael Alberti etc, estamos sin lugar a dudas ante el Quevedo de nuestros días, el pícaro, golfo e ingenioso trovador de sentimientos desgarradores o historias de bares, vasos y besos.

“Donde habite el olvido” nació como verso, en particular como el 15 de la rima LXVI de Gustavo Adolfo Bécquer, el poeta romántico del siglo XIX, donde el sevillano reflexiona acerca del destino del hombre, donde se pregunta acerca de dónde venimos y a dónde vamos, y donde alcanza la dolorosa conclusión de que nuestro destino es la abrumadora nada, donde habita el olvido:

¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza,
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas;
en donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.


Un siglo después Bécquer era homenajeado por otro poeta sevillano: Luis Cernuda, en esta ocasión “Donde habite el olvido” toma la categoría de título de un poema y Cernuda se refiere a ese mismo lugar, donde el deseo no existe, como la única solución para aplacar un amor no correspondido. La muerte en esta ocasión es una herramienta donde poder descansar del ángel terrible que puede llegar a ser el deseo amoroso.

Donde habite el olvido,
en los vastos jardines sin aurora,
donde yo sólo sea
memoria de una piedra sepultada entre ortigas
sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
disuelto en niebla, ausencia,
ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.


Y cierra el círculo medio siglo más tarde otro poeta andaluz, nuestro ya citado Joaquín Sabina que en su disco más aclamado “19 días y 500 noches” se sirve del verso inicial de Bécquer y del poema de Cernuda para llevarlo al terreno de la canción popular. “Donde habita el olvido” en esta ocasión refleja el sentimiento de frialdad y vacío que queda en la cama una vez que la pasión amorosa ha desaparecido tras la llegada del alba y la huída de la noche.

El día que llegó
tenía ojeras malvas
y barro en el tacón,
desnudos, pero extraños
nos vio, roto el engaño
de la noche, la cruda luz del alba.

Era la hora de huir
y se fue, sin decir:
llámame un día,
desde el balcón la vi
perderse en el trajín
de la Gran Vía.

Y la vida siguió
como siguen las cosas que no
tienen mucho sentido,
una vez me contó,
un amigo común, que la vio
donde habita el olvido.

Por Caarte.

domingo, 10 de abril de 2011

“El viaje a ninguna parte” de F.F. Gómez

El día que Javier Bardem salió al escenario del teatro Kodak de Los Ángeles a recoger su Oscar por su actuación en “No country for old men” dedicó su galardón a los cómicos de España que durante el último siglo habían recorrido esos caminos polvorientos llenos de pobreza y amargura con el objetivo de llevar una sonrisa, un respiro a las penurias de una población gris, marcada por el odio, las rencillas y el hambre.

Cómicos que se lanzaban a la intemperie a representar sus funciones ambulantes, obras de los hermanos Quintero, de Buero Vallejo o de Calderón de la Barca, de pueblo en pueblo, con su carreta llena de vestidos, escenarios e ilusión, pasándolas canutas y mal viviendo, pero aceptando que esa era su única posibilidad, ese era su obligado destino, habían nacido actores y actores morirían.

En ese contexto se encuadra la novela del polifacético Fernando Fernán Gómez, escritor, actor, dramaturgo y director de cine, la España de los años 50, donde aún los destrozos de la guerra civil están muy presentes y el país vive sumido en la miseria, donde el cine ambulante está acabando con una de las profesiones más entrañables que existían y donde los cómicos eran vistos con desprecio por el resto de la sociedad, poco más que gente vagabunda de baja moral y tendente a la vida fácil y libertina.

Si algo caracteriza al libro es la riqueza con la que están definidos su personajes, el protagonista Carlos Galván, entrañable, débil, inocente; su padre, el director de la compañía teatral, un hombre que sólo ha hecho una cosa en su ya larga vida, recorrer los caminos representando funciones y que aunque tenga que dar la imagen de autoridad en el fondo es también un pobre hombre; Rosita y Juani, mujeres de una dureza y altanería desacostumbrada en aquella época; Maldonado, el encargado de las gestiones de la compañía y él único que no tenía lazos familiares con el resto, borrachín empedernido; no nos podemos olvidar tampoco del acertadísimo personaje de Solís el peliculero, competencia de la familia, hombre campechano y sin escrúpulos donde los haya; y mirando desde la distancia a todos esos personajes que representan un estilo de vida aparece uno de los personajes más importantes de la novela, Carlitos, el hijo olvidado de Carlos Galván, un adolescente que entra en la vida de los cómicos y critica con dureza y perplejidad ese estilo de vida que lleva su padre y su familia, su mirada es el contrapunto a el romanticismo con que se describe esa profesión, él ajeno a todo ello sólo ve cosas malas e inútiles a esa manera de gastar la existencia.

Todos los personajes, sus reflexiones, sus aventuras están tratadas con un realismo muy común en F.F. Gómez, personajes muy humanos, antihéroes, con sus miedos muy bien señalados pero con una vitalidad muy destacable, pobres gentes que creen que ante todo hay que vivir la vida que a cada uno le haya tocado vivir con la máxima alegría posible, alegría que se filtra en las páginas del libro con un toque humorístico excelente.

Si alguien quiere saber a quién se refería exactamente Javier Bardem cuando dedicó su Oscar tendría que leer esta magnífica y agradable novela o ver la película que dirigió el propio Fernán Gómez.

Por Caarte.

viernes, 11 de marzo de 2011

"Ensayo sobre la Lucidez" de José Saramago

“Mal tiempo para votar”, así empieza José Saramago su “Ensayo sobre la lucidez”, una novela donde una vez más el premio Nobel de 1998 nos invita a la pausa y a la reflexión sobre el mundo en que vivimos. Esta vez pone su ojo crítico en la clase política que nos gobierna y que rige nuestros designios, la clase política en cuyas manos está nuestro presente y nuestro futuro, y lanza una advertencia a la vez que un llamamiento a acabar con esta ceguera pasiva que nos inunda: “Puede suceder que un día tengamos que preguntarnos Quién ha firmado esto por mí”. De esta manera nos hace ver que en nuestra actitud, en nuestras decisiones individuales hay más poder del que creemos, cada uno en su foro interno puede tener su particular momento de lucidez y despertar del letargo en que el sistema nos hunde y empequeñece.

Una vez más una ciudad imaginaria de Portugal, una vez más una novela cargada de significado y casi vacía de ornamentación narrativa, así lo hace ver el autor en algún que otro pasaje apuntando que el lector posiblemente haya reparado en la escasa descripción del entorno que rodea a los personajes de la novela, y es que una vez más el núcleo de la novela son los protagonistas del libro y sus perfiles psicológicos, la manera que tienen de enfrentarse a las situaciones que Saramago inventa. Esta vez la metáfora que usa el portugués no es una epidemia de ceguera sobre la ciudad (Ensayo sobre la ceguera) o una huelga de la Muerte (Las intermitencias de la muerte), esta vez la insólita situación que se cierne sobre nuestra ciudad imaginaria es una plaga de lucidez sobre la mayoría de sus habitantes, que deciden votar en blanco en unas elecciones democráticas. Ante tal anormal comportamiento por parte de la ciudadanía la clase dirigente actúa sacando su peor versión, tira de violencia si es necesario, manipula (con el voluntario beneplácito) los medios de comunicación, y sitúa como principal prioridad el mantenimiento de su reputación, aunque para ello haya que inventarse y encontrar algún culpable que tenga que ser castigado para dar ejemplo. Realmente todo son situaciones en las que, si nos paramos a pensar, es muy fácil encontrar similitudes en el mundo real.

Tres personajes destacan sobre el resto de protagonistas de la novela, cada uno representa un grupo de los que conforman la sociedad en el momento del ataque de lucidez, por un lado está la protagonista de “Ensayo sobre la ceguera”, la mujer que fue la única que no perdió la vista en la novela de 1995, en ella Saramago representa la honestidad, lucidez y bondad que debería reinar en una sociedad utópica, por otro lado tenemos al Ministro del Interior que encarna lo peor de nuestros políticos, soberbia, falta de escrúpulos, abuso de poder, corrupción, etc, y en último lugar un comisario de policía que iniciando la novela de parte de los “ciegos” acaba perteneciendo al grupo de los “lucidos” una vez que conoce a la mujer antes referida, un personaje entrañable este del comisario, un hombre que acostumbrado a cumplir órdenes y actuar con mano firme despierta de su particular letargo y descubre que él antes que nada es también un humano con sentimientos, sensibilidad y capacidad de raciocinio, un personaje en el cual todos nos podemos ver reflejados y el cual nos puede mostrar el camino que nos traza Saramago.

Si al libro a veces le falta algo de frescura y colores, debido a su carácter utópico y vació de realidad, queda compensado con un excelente final, un desenlace desesperanzador que nos devuelve a la cruda realidad, es como si el autor nos hubiera querido decir “Lo que acabas de leer es simplemente una novela, un sueño, una reflexión, pero con estas últimas líneas te devuelvo a la sociedad en la que habitas y a la que no debes de juzgar con ojo crítico”

Por Caarte.

lunes, 28 de febrero de 2011

Panorama de la Poesía Chilena Actual por Andrés Morales (Parte 2)

i           La generación del ochenta u ochenta y siete significó la radicalización, en muchos casos, del discurso político y social. Paralelamente a esta opción, otros autores como Juan Luis Martínez o Raúl Zurita optaron por una escritura que apelaba a los recursos de la neovanguardia y abrieron un universo extraordinario que conjuntamente a los esfuerzos desplegados por Diego Maquieira, Rodrigo Lira o Carlos Cociña, significó la aparición del discurso feminista (Teresa y Lila Calderón, Verónica Zondek, Alejandra Basualto, Bárbara Délano); neocoloquial (Sergio Parra, Víctor Hugo Díaz); etnocultural y metapoético (Tomás Harris, Clemente Riedemann, Elvira Hernández, Juan Eduardo Correa, Javier Campos, Juan Antonio Massone, Eduardo Llanos, Gonzalo Contreras, Germán Muñoz Pilichi, Cristián Vila, Soledad Fariña, Mauricio Barrientos, José María Memet, Andrés Morales); homosexual (Francisco Casas); indígena (con el extraordinario e importantísimo poeta fundacional Elicura Chihuailaf y también la importante vos de Leonel Lienlaf); etc. Este hecho marcó un cambio en la lírica chilena pues permitió atisbar una diversidad discursiva como nunca antes vista, asunto de primer orden pues serviría de necesario antecedente para que las promociones posteriores (sobre todo la del noventa) pudiesen articular una poesía sin compromisos, desprejuiciada y sin ataduras ideológicas. Asunto que también, desde la segunda mitad de la década de los ochenta, se complementaría con la apertura política que permitió recuperar la democracia. Este particular momento significó también un intento de reparación de parte del alicaído entramado cultural del país; con una verdadera explosión de ediciones de libros (autoeditados o en sellos pequeños), de revistas (de muy baja circulación) y, fundamentalmente, de la aparición de Talleres Literarios, espacios amparados por un par de instituciones (Sociedad de Escritores de Chile y Biblioteca Nacional) u organizados por estudiantes y poetas bisoños en universidades o, simple y llanamente, de forma privada. Años de esperanza en los años venideros, el final de los ochentas significaron la madurez de una poesía que avanzaba hacia temas y preocupaciones muy similares a las actuales.

Entrados en la década de los noventa aparece, como se ha dicho, una nueva promoción que se autodenomina “de los noventa”. Grupo heterogéneo en sus búsquedas y procedimientos, se forma casi completamente en las universidades. Entre sus hallazgos puede contarse el intento por no hegemonizar ni monopolizar ningún tipo de escritura, consiguiendo una diversidad de tonos y estilos que buscan a sus referentes en otras literaturas (neohelénica, francesa, anglosajona) más que en la propia tradición chilena o de la lengua castellana. También cultivan un desprejuicio en cuanto a las temáticas y registros, realizando una lectura abierta de las múltiples posibilidades del género. De esta forma conviven sin problemas neoclasicismo, neosurrealismo, antipoesía, neovanguardismo y, por cierto, una lírica de tono clásico. Como muy bien señalara Javier Bello en su tesis de grado, estos poetas se transforman en desarraigados, en huérfanos de su propia tradición cultivando una escritura donde no caben los cenáculos ni las asociaciones. Una sana desconfianza anima a la mayoría. Con inusual fuerza, estos autores se consolidan rápidamente y ocupan un espacio (lo quieran o no y dentro de los reducido del mismo…) en la palestra literaria. Voces como las de Julio Espinosa Guerra, Javier Bello, Ismael Gavilán, Germán Carrasco, Cristián Gómez, Damsi Figueroa, Armando Roa Vial, Sergio Madrid, Verónica Jiménez, Kurt Fölch, Alejandra del Río, Julio Carrasco, Marcelo Pellegrini, Leonardo Sanhueza, Andrés Adwanter, David Preiss, Christian Basso, Patricio Cifuentes o Malú Urriola entre muchos otros, publican con gran velocidad sus primeros libros y consiguen articular encuentros, antologías y talleres que, poco a poco, demuestran el notable talento que poseen. Como es tradición en la poesía chilena, también dentro de este grupo, las ciudades de las regiones han ido incrementando su gravitación en el género. Concepción, Valparaíso, Temuco y Valdivia se convierten cada día más en centros de gran producción poética. Las universidades, los centros culturales y comunitarios se han erigido en espacios donde se continúa la tradición de los talleres literarios y donde, con mayor o menor fortuna, se intentan publicar algunas revistas de poesía.

Cuando la promoción de los noventa pareciera constituirse en los “novísimos” del momento, con extraordinaria velocidad surgen otros jóvenes que quieren abrirse paso con sus libros y visiones de mundo. A veces catalogados entre los poetas del noventa, otras veces señalados como autónomos, estos últimos autores ya realizan encuentros literarios, planean primeras ediciones y antologías poéticas. No es posible saber cuál es la razón de tanto interés y tanta proliferación poética, pero es indudable que, a todas luces, la calidad no merma en pos de la cantidad. Otra vez las universidades son escenario importante para el desarrollo de una nueva promoción, es allí donde se gestionan, otra vez, talleres y revistas de gran interés. Tema aparte y complicado es dar algunos nombres –dada la gran cantidad de autores- pero baste con señalar que se habla de, al menos, una treintena de poetas (si es que esta cifra no es, tal vez, conservadora). Entre ellos, y sólo para nombrarlos como autores editados y verdaderamente posesionados y destacados al día de hoy es posible señalar a: Víctor Quezada, Rodrigo Olavarría, David Villagrán, Juan Santander, Julio Faúndez, Simón Villalobos, Juan Manuel Silva Barandica, Manuel Naranjo, Patricio Morales, Santiago Bonhomme, Ricardo Espinaza, Arnaldo Donoso, etc., desde el norte al sur del país.

Como impresión o, mejor, como visión de estos últimos años es necesario repetir las ideas de una poesía donde la continuidad, la diversidad y el desconocimiento entre los diversos países de lengua castellana son las notas dominantes. Si a esto le agregamos una suerte de “desprecio” entre las diversas literaturas hispanoamericanas y la española (donde se cree que lo mejor es lo realizado en el propio país y donde se mira con recelo lo escrito en otros), rápidamente se concluye como natural que muchos poetas busquen en lejanas tradiciones y en otras lenguas sus referentes inmediatos. De igual forma, ha aparecido un auténtico “canibalismo intergeneracional” que preocupa por lo absurdo y por las gruesas anteojeras exclusivas que significa negar todo lo anterior y menospreciar la propia tradición poética chilena.

Mientras tanto, a pesar que el género poético ha ido teniendo una condición de “desplazado”, y, a pesar que la crítica no logra dimensionar con justicia la extraordinaria vitalidad de la poesía y a pesar que sólo unos nombres muy consagrados parecieran abarcar toda la atención de los pocos lectores, la poesía chilena continúa en constante movimiento persiguiendo no sólo su permanencia sino también nuevos derroteros donde este difícil arte pueda dar mucho más de sí.

Por Andrés Morales (Colaboración)

jueves, 24 de febrero de 2011

Panorama de la Poesía Chilena Actual por Andrés Morales (Parte 1)

Intentar una mirada imparcial en torno a la actual poesía chilena es un trabajo casi imposible, soberbio y hasta ingenuo. La continua renovación del género impide poseer la distancia y la objetividad necesarias en este tipo de análisis que, en todo caso, no pretende, ni lejanamente, instaurar un canon o, más aún, agotar el tema. Se trata entonces de una lectura personal y basada en algunos criterios que apuntan más bien a la representatividad de los autores, a la emergencia de sus voces y al placer de la lectura íntima del que aquí suscribe.

Es común en estos días oír bastante sobre la poesía chilena. La estatura de las figuras de Nicanor Parra y Gonzalo Rojas (consagrados y vueltos a consagrar continuamente por casi todas las instituciones y premios de España e Hispanoamérica) han refrescado en los lectores la imagen de una tradición marcada esencialmente por la voz de Pablo Neruda (cuyo centenario nos ha inundado con su vida y obra) y, para aquellos que conocen más de esta poesía, con las presencias de Gabriela Mistral, Vicente Huidobro o Pablo de Rokha. De alguna forma, se ha hecho justicia con ambos poetas y se ha reconocido la importancia de la ya mítica generación de 1938, notabilísima en sus autores y propuestas (y quiero destacar también las obras de Eduardo Anguita, Humberto Díaz Casanueva, Rosamel del Valle y de aquellos surrealistas del grupo “Mandrágora”). Aún así, la poesía chilena pareciera detenerse en ese momento histórico para la mayoría de los lectores españoles. De vez en cuando algunas editoriales reeditan las obras de Enrique Lihn, Oscar Hahn o Raúl Zurita, pero no es común que (salvo la excepción de los jóvenes Javier Bello y Leonardo Sanhueza, premiados recientemente y editados por Visor) se pueda hablar de una divulgación real de la poesía chilena. De sobra está señalar que falta urgentemente una antología completa, al menos de los últimos cuarenta años, para “iluminar”, aunque sea parcialmente, el panorama de la actual lírica chilena.

Frente a este desconocimiento es alentador poder esbozar algunas ideas y situar algunas obras de los poetas que han ido continuando una fértil tradición que hoy podría catalogarse como pluridireccional, heterogénea y superpoblada de nombres. En este sentido lo primero que hay que subrayar es la obvia coexistencia de las llamadas “generaciones” que se superponen en producción y en figuración en el pequeño escenario de las letras de Chile. Así junto a Rojas o a Parra, otras presencias insoslayables son las de Enrique Lihn, Miguel Arteche, Armando Uribe Arce, Stella Díaz Varín (de la generación de 1957, conocida como “de los años cincuenta”) junto a Floridor Pérez, Jaime Quezada, Manuel Silva Acevedo, Waldo Rojas, Hernán Miranda, Oscar Hahn (también recientemente premiado y editado en España), Omar Lara, Gonzalo Millán y tantos otros de la generación de 1972 (tradicionalmente señalada como “de los años sesenta”). Así, sin querer transformar estas páginas en un miope e inútil listado de nombres, aparecen –casi como un fenómeno de la naturaleza- “oleadas” de poetas que por su rápida iniciación y vigencia, hacen tambalear cualquier intento de categorización desde el punto de vista generacional. De esta forma, surgen la “generación de los ochenta” (o del ’87, o “de la dictadura”, o “N.N.” ), la “generación de los noventa” (o del 2002) y, en estos días, una novísima generación, sin rotular aún (¿la del Bicentenario?), que comienza a dar sus primeros frutos en libros o revistas de escasa circulación, pero que intenta “instalarse” con pie firme. Sin la necesaria perspectiva ante tan atiborrado paisaje, casi resulta más práctico y hasta más justo, hablar más que de “generaciones”, de “promociones”. Pareciera que los años de formación, los años de vigencia, etc. de cada generación no alcanzan a cumplir los plazos tradicionales que la crítica apunta en el sentido más canónico. Por otra parte, a pesar de los rasgos distintivos de estas promociones, existen líneas comunes que pueden unir a los distintos autores produciéndose una serie de vínculos intergeneracionales que hablan de una ligazón distinta a las que se conocían antiguamente. En este derrotero hay que apuntar al cambio de muchos poetas desde un discurso político, ideologizado y comprometido a una escritura más actual, con las problemáticas propias de la democracia, del mundo globalizado, de los temas tradicionales de la poesía universal. Pero el problema más interesante, es la aparición constante de voces nuevas (algunas “clasificables” en grupos, promociones o generaciones) y su casi nula consolidación en la conciencia de los lectores. Muchos libros, pocas revistas literarias, casi ninguna crítica periodística y casi ningún estudio, reseña o mención en la crítica académica, complican el afianzamiento y consistencia de estos autores. Tanto es así, que la poesía ha sido desplazada en la mayoría de la prensa y de las revistas académicas por los artículos y ensayos en torno al pequeño “boom” que se ha conocido en torno a los jóvenes y no tan jóvenes narradores chilenos. Las suspicacias aquí son muchas y, obviamente, apuntan a estrategias de mercado y publicidad de las casas editoriales más que a una justa valoración de este fenómeno.

Ante tan confuso panorama, me parece indispensable mencionar, sin ánimo de categorizar nada, las líneas que antes apuntaba como principales en la poesía chilena actual.

Por Andrés Morales (Colaboración)