martes, 24 de mayo de 2011

Vida Urbana de Jorge Guillén.

Estamos saciados de cotidianidad, desde que nos levantamos hasta que nos lanzamos a los brazos de Morfeo todo lo que vemos, oímos, palpamos es tosco, rígido, zafio, demasiado tangible en definitiva. No hay tiempo para la reflexión, para la pausa, para el corazón (todo es cabeza), no hay tiempo para la poesía en definitiva. Y es que la ciudad es lo que tiene, todo sucede a velocidad de vértigo, nadie espera a nadie, los semáforos estan deseando ponerse en verde para que todo acelere de nuevo, la gente se cabrea, discute, pide mas y a cambio da menos.

Esta contradicción es donde se enmarca el poema de Jorgue Guillén "Vida urbana", el misticismo dentro de la chocante realidad, el poeta es aquel que caminando por las calles grises de una ciudad cualquiera va oliendo poesía, aunque no se vislumbre ningún paisaje poético a primera instancia.

Guillen refleja concretamente lo paradójico que hay en encontrarse con la solemnidad de un cementerio en medio del hervor de la ciudad, un oasis de paz y muerte en medio de la arrolladora vorágine de la urbe. Del mismo modo que la ciudad no repara en la eternidad que desprende ese cementerio que hay en ella, Jorgue Guillén  observa en la total ignorancia del cesped con respecto a las tumbas que hay sobre él.

Jorgue Guíllén, vallisoletano ilustre pertenenicente a la generación del 27 y autor de "Cántico" donde se sitúa el comentado poema.

VIDA URBANA


Calles, un jardín,
Césped -y sus muertos
Morir, no, vivir.
¡Qué urbano lo eterno!

Losa vertical,
Nombres de los otros.
La inmortalidad
Preserva su otoño

¿Y aquella aflicción?
Nada sabe el césped
De ningún adiós.
¿Dónde está la muerte?

Hervor de ciudad
En torno a las tumbas.
Una misma paz
Se cierne difusa.

Juntos, a través
Ya de un solo olvido,
Quedan en tropel
Los muertos, los vivos.


Por Caarte

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